LISSANDRA
—¿Vas a estar aquí toda la tarde? —le susurré mientras me inclinaba sobre él, rozando su cuello con mis labios.
Ashton, sentado en su sillón de oficina, me miró con esa sonrisa suave que guardaba solo para mí. Extendió la mano y yo la tomé, para sentarme en su regazo.
—Hasta que tú me eches —murmuró, acariciando mi cintura.
Lo besé una vez más, solo para dejarle ese sabor dulce que sabía que lo volvía loco.
—Voy por unos pasteles para la cena. Vuelvo en menos de una hora, lo prometo.