ASHTON GARDNER
Bajé las escaleras en pijama, con el cabello aún revuelto, los labios hinchados por besar demasiado a mi mujer —si es que eso existe— y una sonrisa de idiota enamorado grabada en la cara.
La noche había sido perfecta.
La mujer que amo dormía agotada en nuestra cama, desnuda entre las sábanas que aún olían a sexo y caricias después de hacerle el amor esta mañana, y yo bajaba como el hombre más feliz del mundo…
Hasta que lo vi.
Ahí estaba. Ethan Mi primo. Mi desgracia. Mi dolor de