LISSANDRA
Desperté envuelta en calor.
Mi cuerpo entero dolía… pero era ese dolor delicioso que te deja una noche donde el alma se entrega sin reservas y sientes que el hombre que amas te desea más que a nada.
Un suspiro se escapó de mis labios antes de abrir los ojos. Toda yo olía a él. A su piel. A su perfume, su respiración calmada junto a la mía no mostraba la locura que habíamos desatado horas atrás entre besos, jadeos y promesas susurradas en la oscuridad.
Me moví apenas, y el ardor entre