Amaya solo pasó pocos días con ella, pero en ese escaso tiempo se sintió acompañada y lo que nunca antes experimentó: comprendida. Quizás era cierto y la sangre era más espesa que el agua como todo mundo decía o era que compartían la soledad, la marginación y un futuro lleno de incertidumbre.
Ahora de nuevo estaba sola, su hermana se había ido. A diferencia suya, Amaya tenía alguien que la amaba y eso le daba sentido a su vida. ¿Qué propósito tenía la suya? Aun no le encontraba ninguno.
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