De nuevo el destino le mostraba que ella era una simple hoja al viento. Dios, el ser superior o la providencia, tensaban hilos que no podía ver. Era imposible hacer planes, pues siempre se abría un camino inesperado.
Pero ahora ese camino era afortunado.
Hatsú le había dicho que Ryu vivía. Era él quien se reveló a la humanidad. Continuaba adelante en su determinación de evitar la guerra y proteger el mundo que conocían, ella no podía abandonarlo. Antes, sintió que era necesario un puente entre