Esa noche, ella y Amaya poco a poco rompieron el hielo. Eran parcas las palabras, no hablaban mucho, sin embargo, en lo que se decían compartían sentimientos similares: miedo, dolor, y principalmente incertidumbre en el futuro. Ninguna de las dos tenía claro cuál era el camino que debían seguir. Eran dos extrañas unidas por lazos de sangre, que descubrían sus similitudes, en especial lo solitaria que habían sido y seguían siendo sus existencias. Estaban perdidas en un mundo en el cual no encaj