Inmediatamente, la música de cámara fue sustituida por otro ritmo tropical mucho más moderno que invitaba a mover las caderas. Katherina Lynch y Nina Rosewood, dos vampiras, una rusa y la otra norteamericana, bailaban de manera sensual. Con sus miradas invitaban a los príncipes a unirse a su baile seductor. Andreas Filippo, el vampiro italiano dueño de varios viñedos mediterráneos, aplaudió complacido para luego agregar:
—Maravilloso, adoro esta música moderna que invita a... —El vampiro no t