El albino levantó la hoja de su cimitarra para arremeter contra Amaya quien se movió justo a tiempo logrando evadir la estocada.
—¡Voy a matar a tu cazadora!
Amaya se movió más rápido que la filosa hoja plateada y evitó que esta le rebanara el cuello. Su espada estaba a unos metros de distancia y Zahyr todavía sostenía en la mano el dispositivo con el que controlaba el collar. El albino no se esperaba que ella pudiera emplear la psicoquinesis. Con un movimiento de su mano, le arrebató el mando