—¡Tris! —exclamó aliviado Arnold al verla aparecer entre los pinos.
Max volteó también y se dirigió apresurado hasta ella.
—¿Te perdiste? Estábamos preocupados.
Hatsú tragó y evitó mirar directamente a alguno de ellos.
—Sí, lo siento mucho.
—¿Ya te sientes mejor? —le preguntó Arnold, tratando de encontrar sus ojos.
—¿Cómo? —preguntó ella, asustada. Temía que hubiese visto algo.
—Me dijiste que te sentías mal, que te dolía la barriga y saliste corriendo.
—Ah, sí. Ya estoy mejor.
Arnold volteó a