Mientras salía del boscaje, Hatsú evocó el aura solitaria de su infancia, esa que, por más que trataba, no podía alejar y que la recubría como una segunda piel.
Sus recuerdos la transportaron a aquella casa blanca en Granada, un barrio de clase media alta en Pries, la capital de Aiskia, rodeada de arbustos con blancas florecitas pequeñas, dulcemente perfumadas. Volvió a sentir el aroma que la sedujo de niña, cuando jugaba en el jardín trasero por las mañanas, antes de que el sol calentara demas