Amaya despertó con la boca seca y con dolor en los ojos, la luz brillante de la habitación la hería.
—Tengo sed —dijo con voz pastosa.
De inmediato, Ryu, quien dormitaba en el sillón frente a su cama, se levantó.
—¡Por fin despiertas!, ten. —Le ofreció un vaso con agua.
Amaya bebió con avidez, luego se dio cuenta de que estaba en su habitación en la Fortaleza, pero rodeada de monitores como si se encontrara en un hospital. De su brazo salía una delgada manguera la cual se conectaba a una bol