Nevan
Mi pecho agitado subía y bajaba mientras observaba a mamá, quien se quedó muda tras mi estallido. Podía ver el desconcierto en su mirada y una tristeza tan profunda que, al instante, me arrepentí de mi arrebato.
Mis manos temblaban de la anticipación, de las ansias que saber la verdad me causaba.
—Hablas a la ligera... —dijo al fin, con voz apagada—. ¿Cómo por qué tenía que contarle a mi hijo adolescente algo tan privado? ¿Quién era yo para hacerlo?
—No me quedé siendo un adolescente, mamá