Zebela
La delicadeza con que Bastian me trataba contrastó con la violencia y humillación que sufrí en estos últimos días. Él, el llamado alfa cruel y despiadado, me miraba con tanto amor y culpa.
No quería que se sintiera culpable.
—Bastian... —balbuceé, pues todavía me sentía muy débil—. Necesito explicarte lo que sucedió...
—No te esfuerces, debes recuperar energía. Ya tendremos tiempo para conversar. —Me acarició el rostro.
Lo volví a abrazar y me quedé así por un rato, refugiada en su calo