Zebela
Estaba sumida en los recuerdos dolorosos y en mi cavilación acerca de si debía atacar a Greta o simplemente ignorarla, cuando, de repente y con dificultad, levantó la espada para asesinarme. No pude evitar reír, pues la pobre no tenía fuerzas ni siquiera para sostener el arma correctamente
—Eres tan estúpida que piensas atacarme con una espada que ni siquiera eres capaz de sostener bien —me burlé—. Eres una inservible, una mujer cuya única habilidad es fastidiar a los demás. Nadie te sop