Zebela
Con la luz apagada, esperaba el momento preciso para llevar a cabo mi plan. La casa estaba en completo silencio, y la tranquilidad se sentía sombría y asfixiante.
Estaba nerviosa.
Mis pasos sigilosos buscaban fusionarse con ese silencio aterrador; esa era la razón de mis pies descalzos y mi andar en hurtadillas.
Desnuda, con el corazón latiéndome con vehemencia y escalofríos violentos que me sacudían despiadadamente, me acerqué a la ventana y levanté mi mano. Acto seguido, usé mi habilid