Escapando de un mal amor. Capítulo Lo que Dios unió
—Pablo, ¿aceptas a Paulina como tu legítima esposa, para amarla, cuidarla y respetarla todos los días de tu vida?
—Acepto —dijo él sin titubear, con la voz firme y el corazón latiendo como un tambor.
—Paulina, ¿aceptas a Pablo como tu legítimo esposo, para amarlo, cuidarlo y respetarlo por todos los días de tu vida?
—Claro que acepto —respondió ella, con lágrimas de emoción, brotándole de los ojos, su voz temblando apenas por la intensidad del momento.
El ministro sonrió.
—Bien. Por el poder que