Escapando de un mal amor. Capítulo Por fin libres para amar
Tamia levantó a su hija del suelo con manos temblorosas, sus ojos empañados por la furia y la humillación.
—¡¿Qué es esto?! —gritó, sacudiendo a Vera con desesperación—. ¡Esto es una mentira, Pablo! ¡Una mentira! ¡Todo esto lo inventó Paulina! ¡Ella es una mujer infiel, manipuladora! ¡Tú lo sabes!
Pero Pablo no parecía conmoverse. De hecho, sus ojos, duros como el mármol, se clavaron en ella con un desprecio apenas contenido. Su mandíbula apretada y su voz rugió con una rabia acumulada.
—¡Mejor