—¡Ariana! —El grito de Sergio desgarró la noche. Su corazón latía con violencia mientras corría hacia ella.
Quiso levantarla, sostenerla entre sus brazos, pero el miedo lo paralizó. ¿Y si la lastimaba más?
—¡Llamen a una maldita ambulancia! —rugió con desesperación, sus ojos oscuros reflejaban puro pánico.
Se arrodilló junto a ella, tembloroso, acariciando su rostro con una ternura que nunca supo demostrar antes.
Ariana estaba pálida, frágil, su pecho subía y bajaba con esfuerzo.
—Por favor, Ari