Por la noche, Imanol conducía con el corazón latiéndole fuerte.
A su lado, Marfil, con las manos entrelazadas sobre su regazo, intentaba calmar el torbellino dulce que se le formaba en el pecho.
Estaban por llegar a la mansión Darson. Un lugar imponente y elegante, pero cálido por dentro… hoy más que nunca.
En cuanto cruzaron la puerta, Freya, la madre de Imanol, se levantó del sofá con lágrimas en los ojos. Detrás de ella, su esposo —el padrastro de Imanol— les sonreía con complicidad.
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