Ariana cerró los ojos con desesperación, recostada en la cama, con la ropa de dormir pegada a su piel.
El cansancio la había invadido, y aunque deseaba descansar, no pudo evitar sentir una opresión en el pecho, como si el peso del mundo la aplastara.
Sin saber en qué momento su mente cedió, se entregó finalmente al sueño, pero algo en el aire parecía distinto esa noche, algo que la mantenía alerta, a pesar de su agotamiento.
De pronto, un estremecimiento recorrió su cuerpo. Abrió los ojos en un