Necesito saber el por qué.
Me levanté hecho bolsa, tenía tantas cosas en mi cabeza que con suerte pude dormir unos minutos, es que todo se me venía encima como una bola de nieve gigantesca.
—Sí que eres una idiota, Rocío Arismendi.
Me recriminaba, pataleando en la cama, de verdad que seguía siendo esa pendeja que sufría porque su hermana la había dejado por otro y lo peor es que teniendo ya pruebas de que no fue así aún no lo superaba.
—Es que Christian, ¡Ash!
No podía recriminarle nada, todos me lo habían dicho y yo no