Maldita víbora de cascabel.
—De nuevo me está llamando a horas indeseables, joven maestro— reviro los ojos, porque ese es mi adorado Loren el que me responde al otro lado de la línea.
—Pues me conoces, mi querido Loren, soy un tantito impredecible.
—¿Y para qué me necesitas ahora?
—Mish y ahora me tuteas, viejo mañoso, pero si te he llamado es porque necesito de tu ayuda en carácter de urgente.
—Ya dígame ¿para qué me quiere entonces?
—¿Mi hermano está?
—Por supuesto que está, ya se retiró a su habitación, estaba demasiad