—A ti…
—¿De qué hablas? ¿Rocío? ¡Rocío!
Detuve el auto para solo sostener su cabeza mientras expulsaba a los aliens que se había bebido. Sus arcadas y después su vómito en todo el piso de mi hermoso auto me provocaron más ganas de darle unas nalgadas a esa maldita castaña que entre medio de su acto nocivo para mi salud y sobre todo para mis pulmones estaban provocando.
—¡Dios! ¿Qué mierda he hecho en mis vidas anteriores para merecer esto? Rocío, reacciona mujer…
Abrí las ventanas y el frío me