Los ojos de Gabriel eran fuego puro, como si el mismo infierno se encontrara en su mirada, los miró a los dos, pero la mirada que le dió a la loba fue fugaz y casi imperceptible, sintió las venas de su frente tensarse de sólo tenerlo frente a él, había algo más de ese chico que no le agradaba y no, no era sólo el hecho de que estuviera con Alana y aceptaba para si mismo que si, estaba celoso. Celoso y arrepentido de haberse dado cuenta tan tarde, porque bastó tocarla una vez, sentir su piel una