Llegó la noche y con ella el desvelo, Gabriel daba vueltas y vueltas en su cama, sin poder dormir, tenía tiempo sin tener un insomnio como este. Se sentó en la cama y se masajeo la frente por un rato. Suspiró y se levantó para asomarse por la ventana.
Y allí estaba ella, la luna, brillando en todo su esplendor, esa era una de las ventajas de vivir en una zona montañosa y en un tercer piso, las vistas eran lo mejor. Mientras contemplaba a la luna, recordó a sus padres, su madre quien había muert