Llegamos a la iglesia, ingresó conmigo tomados de la mano, al otro lado tenía a Emmanuel que anda de un amor con su padre, y no lo juzgo, José Eduardo es un amor de ser humano, aunque ya le conocí su lado oscuro. Nos encontramos a David.
—¡Qué alegría verlos! —Me dio un beso en la mejilla—. No pensé encontrármelos, los hacía aun paseando.
—No alcancé a llegar a misa en la mañana como acostumbro con Maju y mis padres. Pero ya me salté dos domingos.
En esto sí era un poco reglamentaria. A mí me g