Sonreí, lo que había hecho activó todas mis alarmas. Tal vez ella necesitaba algo más y le daba pena decírmelo. Antes de que se alejara la tomé de la mano y la senté sobre mis piernas. Nos miramos, ella estaba al inicio desconcertada y luego sus ojos brillaron.
—¿Quieres jugar?
Se movió sobre mi endurecido miembro. Su mirada era una invitación, su cuerpo un llamado. Debe de tener necesidad de hacer el amor, puede que su enfermedad se active, desde hace quince días estábamos incrementando el des