Regresamos a la casa, David aparcó su carro, desde el regreso de la misa Patricia y yo no hemos hablado, mantuve su mano entre la mía, y antes de bajarnos hablé.
—Te amo Patricia, aún no sé lo que voy a hacer, pero sanaré la cicatriz dejada esa noche en el baño de la discoteca.
Sonrió y me dio un beso en la comisura de mis labios. Sí, ella no esperaba de mí el ofenderla como una prostituta. Hasta el tema del acto sexual me lo hubiera perdonado, en nuestra intimidad hacer el amor de manera salva