Abracé el cuerpo de mi esposa enfundado en una exquisita mini bata de seda. Ya no dormíamos desnudos, porque en cualquier momento se nos camuflaban dos princesas y trepaban por la cama para meterse en medio de los dos. Con mi nariz le acaricié su cuello, debía levantarme para ir a trabajar, —después de la celebración del matrimonio de mi tío. Esa parrada fue increíble, Alejandro terminó ronco de tanto cantar, la comida y en sí el estar en familia fue suficiente para hacer de la reunión una magn