Mundo de ficçãoIniciar sessãoCargar con un oscuro pasado trae consecuencias, en algunos casos vergüenza. Quise ocultar el sol con un dedo e ignoré todos los consejos que me dieron las personas que me aprecian y perdí lo que más he amado en mi vida, perdí a mi salvación. No hay nada oculto entre el cielo y la tierra… no solo son palabras sabias, es una realidad. La vida me ha dejado en claro que no puedes levantar vigas solidas si lo haces en cimientos quebrados. Por eso debes aprender a caminar aceptando tus errores, ocultarnos solo te hace bajar la cabeza. Siento tanta vergüenza por mi pasado, que preferí ocultarlo y cuando ya no pude más, estaba envuelta en una red de mentiras que me ahogó por completo. Opté por el camino fácil y terminé dañando al hombre que adoro con el alma, avergoncé a mis padres y no tuve valor para mirar la decepción que debí causarle a mi hermana María Joaquina, lo que tanto temía salió a luz, ahora soy la decepción de la familia L’Charme Novoa y el error de José Eduardo Villalobos Daza. Ahora no sé si es mejor alejarnos… ¿Podrá el amor superar un terrible pasado?
Ler maisNos saludamos entre todos. —Bueno, ya estamos todos. —comentó César, después de darnos la mano con los recién llegados. —¿Ustedes les pasaron los agradecimientos a Alejo? —Sí. Respondimos más de uno. Mi primo salió de su oficina, no tenía idea con lo que saldrá, pero vamos a quedar sorprendido con lo que este loco hizo. —Tengo la leve sensación, que nos vamos a arrepentir por haberte delegado el regalo de Fernanda. —Más de uno soltó la carcajada ante el comentario de César. —No será así. Por favor caballeros, vamos a la sala de juntas. Nos miramos entre sí, esto parecía prometer. Nos enfilamos a seguirlo y la secretaria contenía las ganas de reírse. ¡Carajos! —Creo que, si nos vamos a arrepentir, —habló David. Al ingresar no había nada. Salvo un atril con una manta negra. —¿Orjuela? —dijo Carlos—. No veo nada. —Qué poca fe me tienen. Se acercó al atril, quitó la manta y vimos un cuadro en alto relieve con una chancleta… Literalmente una chancleta en bronce, muy bien hecha, i
Abracé el cuerpo de mi esposa enfundado en una exquisita mini bata de seda. Ya no dormíamos desnudos, porque en cualquier momento se nos camuflaban dos princesas y trepaban por la cama para meterse en medio de los dos. Con mi nariz le acaricié su cuello, debía levantarme para ir a trabajar, —después de la celebración del matrimonio de mi tío. Esa parrada fue increíble, Alejandro terminó ronco de tanto cantar, la comida y en sí el estar en familia fue suficiente para hacer de la reunión una magnífica velada—. Nos concentramos en el trabajo, la familia y nosotros.El aroma de mi mujer era un hipnotizador llamado, jamás me cansaré de ella, nunca tenía suficiente… —hace dos días nos reunimos con Virginia para decirles cómo deseábamos la nueva casa, la cual será bastante grande, la vi feliz, aunque aún no sabemos qué hacer con la actual vivienda, pero algo estaba claro. Patricia no quería venderla. Por eso la conservaremos—. Besé su cuello, mis manos se acercaban a mi perdición… Pero salió
Nos habíamos quedado callados por varios minutos, mi hijo se había quedado dormido, luego de un gran suspiro hablé.—Es que las palabras, si hubiera, no existe. Por experiencia te lo digo primo, no existe, pero cuando eres el único culpable de haber perdido lo que amabas, se enraíza en tu ser la culpa hasta el punto de que jode el presente.—Entonces… ¿Lo de David es un mal de amor? No me salgan ahora que es por mi Bonita. —saltaron los celos de César y más de uno sonreímos.—¡No empieces!, sabes perfectamente la connotación de ese supuesto beso en ese entonces, ya fue aclarado que era para darte celos por lo que le hiciste. ¡Fin del tema! —Lo amonestó Alejandro—. Juré no decirlo, así como les tengo confesiones a cada uno de ustedes, tampoco faltaré a la que le hice a David.» Virginia también se compadece ante el tema, a mi Belleza le cuesta ver solo a un caballero, un poco menos atractivo que yo, siga solo. Sabemos que su pasado es un lugar grande, pero no le quita lo caballero que
Vamos rumbo a la finca de mis suegros. Si antes era feliz con Patricia, ¡Dios! Ahora lo que vivíamos y experimentamos era plenitud. Salimos muy temprano, Emmanuel iba profundo con sus hermanos, y yo conducía con la mano de mi mujer entre las mías. Miré por el retrovisor, ver al niño dormido me gustó mucho.—Lo has notado, ¿verdad? —afirmé.—Ya no anda tan precavido, ahora está confiando en nosotros.—Se siente seguro. Eso es gracias a ti José Eduardo. —Le di un beso en la mano.—No voy a negarte que me gusta mucho cuando Emmanuel ingresa al despacho a realizar las tareas a mi lado. O cuando mis hijas gritan en dúo ¡Eh papá! Y ¿dónde me dejas cuando Eduardo sale gateando a mi encuentro? Ahora no solo quiero llegar temprano a casa a besar a mi mujer, sino a estar con ellos. No concibo la vida sin ellos en este momento, se siente increíblemente, me siento pleno, Diosa.—Yo sí que menos, tres no nacieron de mí, pero los adoro de igual manera. —miró hacia atrás—. Me alegra tanto ver a Emma





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