Me mantuve alejada de todos y nada que llegaba o me contestaba José Eduardo. David llegó hace unos diez minutos y se fue a hablar con César, yo seguía insistiendo en marcarle a mi marido, los nervios estaban a punto de jugarme una mala pasada. Volví a marcarle, la esperanza era lo último en perderse, pero se va a buzón. Seguía con el celular apagado.
—¡Patricia! —me llamó Alejo—. ¿Dónde está el primo? Le marco y no me contesta,
Los nervios en ese instante se apoderaron de mí, caminé hasta donde