Alexa
Abro los ojos por el sonido constante de mi teléfono. Extiendo la mano hacia donde debería estar mi mesita de noche, pero no está. Me duele la cabeza, me duele todo el cuerpo. Dios, creo que hasta las pestañas me duelen, o es que acaso esas no duelen, no lo sé. Cuando de pronto abro los ojos, todo llega a mi mente: cómo me besaba, cómo me tomaba por la cintura tan fuerte. Sus penetraciones iban más y más fuertes. Jamás había sentido tantos orgasmos en una misma noche; ni siquiera sabía si