Caminó abrazando a su hija a la cual no le había puesto nombre. Se había encariñado con ella, pero no sabía si podría sobrevivir a las duras condiciones de vivir como lobos salvajes.
Ron volvió por el mismo camino de vuelta a la cueva. Tras cazar un conejo no le quedó de otra que volver a alimentar a su cachorra con sangre. Las arcadas de ella no faltaron, pero al menos ahora no lloraba y estaba dormida, con algo de alimento dentro de su barriguita. No duraría mucho así, pero al menos descansar