No se dio cuenta que estaba tan sumida en lo que le contaba que lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas tras comparando aquella imagen que aquel lobo le contaba, tan lozana y llena de energía, con la que ella tenía en su mente de su madre que había sufrido y llorado en silencio, y ella no había hecho nada.
Ciliam detuvo sus palabras de golpe y la miró preocupado.
-Xana, estás bien- quiso tocarla para consolarla, pero no sabía si era propicio, un macho no podía tocar a una enlazada tan fác