Diego apoyó la espalda en su imponente sillón, observando la pantalla del teléfono, que aún brillaba sobre el escritorio. Una notificación de transacción apareció: la compra de un teléfono inteligente en el centro comercial.
Una comisura de sus labios se elevó, formando una mueca sutil y gélida. Lanzó el dispositivo sobre la mesa, provocando un golpe seco.
—Siempre tan estúpida —murmuró con voz grave.
Tomó un encendedor de plata y comenzó a juguetear con él con movimientos ágiles. La pequeñ