Carmen dejó la bandeja con el puré de pollo y un vaso de leche caliente sobre la mesa de noche. Luego, ayudó a Elena a incorporarse, acomodándola contra una pila de almohadas.
—Señora, tiene que comer algo. El doctor Julian dijo que no debe tener el estómago vacío —dijo Carmen con suavidad.
Elena negó con la cabeza, manteniendo la mirada perdida en la oscuridad tras la ventana.
—Llévatelo, Carmen. No tengo hambre.
—Solo unos bocados, señora. Es por el bien del bebé que espera —insistió Carme