Sofía disfruta de un masaje en su sala de spa privada.
El rítmico golpeteo de unos tacones contra el suelo de mármol rompe la serenidad del lugar. Es Isabella, quien se acerca a Sofía con una sonrisa. Sofía abre ligeramente los ojos y levanta la mano derecha en un gesto imperativo.
—Es suficiente por hoy. Pueden retirarse —dice Sofía con voz profunda.
Las dos terapeutas hacen una reverencia, recogen sus implementos con rapidez y salen de la habitación en silencio. Las puertas dobles se cierr