Diego no llamó a Martin ni aceleró el paso para alcanzarlo.
En cuanto llegó a su despacho, dejó el móvil sobre la mesa. Se sentó y encendió el ordenador. Sus dedos se movían con agilidad sobre el teclado, pero no para revisar informes financieros. Entró directamente en el sistema de seguridad interna de la empresa.
Tras introducir un código de acceso especial, la pantalla mostró las grabaciones de las cámaras de seguridad del pasillo frente a su oficina. Diego retrocedió la cinta hasta las d