La puerta del comedor se abrió de par en par e Isabella entró con un aire de elegancia impecable. En sus manos traía una caja de regalo grande con un llamativo lazo dorado y, además, una caja de pastelería.
—¡Feliz cumpleaños, tía Sofía! —exclamó Isabella con voz melosa. Se acercó directamente a Sofía y le dio dos besos en las mejillas, ignorando por completo la presencia de Diego y Elena.
—¡Oh, Isabella! Llegas justo a tiempo. Mira, Diego también está aquí —respondió Sofía radiante, lanzánd