Elena no regresó a casa de inmediato. El asco que sentía por Daniel y la rabia por su propia estupidez la empujaron hacia un club nocturno. Allí, intentó ahogar todo en alcohol. Perdió la cuenta de las copas que había vaciado hasta que su conciencia empezó a desvanecerse.
—No sé qué problema tengas, pero ya has bebido demasiado. Se acabó —le espetó el camarero mientras apartaba el vaso de Elena.
A ella no le importó. Siguió terca, exigiendo una ronda más hasta que su cabeza terminó desplomad