Aquel día tenían descanso. El pequeño negocio de catering de Adriana había cerrado más temprano de lo habitual porque apenas habían entrado pedidos. Desde temprano, una lluvia fina caía sobre Lyon y el aire se sentía húmedo y frío.
Elena estaba en la cocina cortando cebolla. Sus manos se movían despacio, pero su mente claramente estaba en otro lugar. Llevaba casi miles de minutos mirando la tabla de cortar sin darse cuenta.
—Si sigues mirando la cebolla así, no se va a cortar sola.
La voz de