Diego apenas recordaba cómo había cerrado el taller aquella noche. Lo único que permanecía claro en su cabeza era la voz de Leire llamándolo una y otra vez mientras él caminaba deprisa hacia la trastienda para coger la chaqueta. Le temblaban las manos al guardar la cartera y las llaves del coche en el bolsillo. Tenía la mente demasiado saturada como para pensar con claridad.
Arturo está en la UCI.
Aquella frase no dejaba de retumbarle en la cabeza.
Valencia se sentía más fría de lo normal e