Capítulo 35.

El asentamiento en las estribaciones de las Montañas Silvanas era un remanso de paz austera, un puñado de cabañas de piedra aferradas a las laderas como líquenes en la roca. Sus habitantes, gente curtida por el viento y las alturas, nos habían acogido con una mezcla de cautela y compasión. No preguntaron por nuestros pasados, pero en sus ojos sabios se podía leer la comprensión de que huíamos de algo. Nos ofrecieron comida caliente, lechos limpios y la seguridad de su aislamiento. El aire pur

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