La frase escrita con carbón seguía resonando en su mente como un tambor lejano, rítmico y constante: “Si la caja cae, busca al que no olvida.” Violeta, sola en su habitación, la había copiado tres veces en distintos papeles, con el fin de descomponerla, de encontrarle doble sentido, de descubrir si detrás de esas palabras había un código más profundo. Pero no. Era simple, y sin embargo, inquietante.
“¿Quién no olvida?”
En la corte, la memoria era un lujo. Lo que no convenía recordar se olvidaba