El alba llegó con un cielo de nubes encendidas y un silencio inusual que envolvía los corredores del palacio. Violeta abrió los ojos tras una noche sin descanso. No había regresado a sus aposentos, no se había molestado en cambiarse ni en fingir que todo seguía como antes. Esa fachada se había desmoronado. El polvo de la revelación aún cubría su piel, y en su mente, cada pensamiento era una chispa ardiendo.
Aún se sentía débil por el golpe en la cabeza, por la pérdida de Elian, por la incertidu