La noche había caído sobre el palacio como un velo espeso y húmedo, cubriendo de sombras los caminos de grava blanca que llevaban al jardín interior. Violeta permanecía de pie en su habitación, contemplando su reflejo en el espejo ovalado junto a la chimenea. Sus ojos, antaño arrogantes, ahora tenían una gravedad que pocos se atreverían a sostener. Sabía que estaba por cruzar un umbral del cual no habría retorno. Esta vez, no se trataba de sobrevivir. Se trataba de conquistar el control de su h