El amanecer había traído consigo un cielo plomizo, una opacidad que presagiaba más que lluvia. El aire tenía ese espesor típico de los días en que algo está por quebrarse. Violeta despertó temprano, aunque apenas había dormido. Sus pensamientos, como cuchillos, se cruzaban en su mente con una urgencia que no le permitió cerrar los ojos más de una hora seguida. Elian, su madre, la carta, la torre, el susurro de muerte antes del equinoccio... todo parecía conspirar contra ella, como si los hilos