Las decisiones más crueles se tomaban siempre en los corredores silenciosos del palacio, donde el mármol no devolvía ecos y donde las palabras dichas en voz baja podían cambiar el destino de una vida.
—¿Está todo preparado? —preguntó la Reina Madre sin levantar la vista de su copa de vino rojo.
Frente a ella, la mujer delgada, vestida de hábito grisáceo, asintió sin vacilación.
—Sí, majestad. Diré exactamente lo que ordenó. Que la Reina Lysandra fue envenenada. Que fue traicionada. Que usted la