La noche se estiraba sobre el castillo como un velo de terciopelo negro, pesado y absoluto. El silencio era espeso, solo quebrado por el lejano ulular del viento contra las almenas. Lady Violeta Lancaster —o mejor dicho, Emma, atrapada dentro de su cuerpo— cerró con suavidad la puerta de su habitación, como si un solo ruido más la delatara ante fuerzas invisibles. Y quizás así era.
Había sobrevivido al día más extraño, más aterrador… y más decisivo desde que abrió los ojos dentro de esta histor