Las primeras luces del alba se filtraban por los ventanales altos del ala este del palacio, tiñendo de dorado los corredores de piedra marfil. El murmullo de las fuentes y el trino de las aves anunciaban el inicio de un nuevo día en Theros. Pero para Lady Violeta Lancaster, la mañana comenzaba con un ritual ineludible: el baño de las rosas.
Acompañada por sus doncellas, Violeta atravesó los pasillos silenciosos hacia el Jardín del Alba, donde se alzaba la estructura de los Baños Reales. Un reci